Bares de tapas en Sevilla
Las tapas sevillanas son toda una institución gastronómica nacional e internacional. Descubrir sus guisos, frituras, chacinas ibéricas y aliños representa la mejor forma de acercarse al alma y a la vida cotidiana de los hispalenses.
Sevilla siempre ha tenido su duende, y más a la hora de comer. Esta gran ciudad cuenta con una excelente gastronomía de base e infinidad de restaurantes de muy buen nivel, desde la Alquería y La Taberna del Alabardero hasta restaurantes al más puro estilo norteño, como Egaña Oriza. Además, la capital anzaluza ofrece mucha y buena cocina creativa y moderna, pero, sin embargo, a un porcentaje elevado de los visitantes lo que más les apetece es irse de tapas. Claro que eso se debe a que las tapas sevillanas tienen una justa fama, pero también, sin duda, está el hecho de que las mejores zonas de tapas coinciden con los barrios más bellos y divertidos de la ciudad. Así, el turista puede matar dos pájaros de un tiro.
La tapa es una institución andaluza. Se dice que su nombre procede de que cuando alguien entraba en una taberna y le servían un vaso de vino, éste se tapaba con un platito para que no le entraran moscas. Sobre el platito empezaron entonces a poner comida. El tabernero habilidoso solía colocar aceitunas, trozos de arenque, salazones, tocinos…, es decir, productos salados para que el parroquiano se animara y pidiera otra consumición para quitarse el salino de la boca. ¡Qué gran momento cuando aparecieron las anchoas! Luego la cosa se fue perfeccionando y aparecieron las chacinas, y de ahí la sana competencia para poner tapas que ya se cobraban. En pocos lugares de ponen “aperitivo” como en otras zonas de España, pero para comer algo tampoco es necesario pedir una ración, en todo caso mejor media, porque las raciones de los bares sevillanos suelen ser muy generosas; simplemente se pide una tapa que es una cantidad pequeña y por poco precio para uno solo, y listo.
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Fuente: RevistaViajar.Es
